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Síntomas de presión atmosférica alta que debes conocer

Personas siente malestar por presión atmosférica alta

Tiempo de lectura: 7 minutos

Si bien la alta presión atmosférica no provoca síntomas directos en la mayoría de la población, puede manifestarse en personas con sensibilidad meteorológica (meteorosensibilidad) a través de dolores de cabeza, molestias en oídos y articulaciones, fatiga o una sensación de malestar general. En situaciones extremas, un aumento significativo de la presión puede complicar patologías previas, como la hipertensión o problemas cardiovasculares y pulmonares

En este artículo se explica de manera detallada cómo la presión atmosférica puede afectar al cuerpo humano, cuáles son algunos de los síntomas más comunes y cómo mitigarlos. 

¿Cómo afecta la presión atmosférica alta al cuerpo humano?

La presión atmosférica o presión barométrica, como también se le conoce, es la fuerza o el peso del aire que nos rodea, según explica MedicineNet. Cuando la presión atmosférica es alta, el aire es más denso y ejerce una mayor fuerza sobre el cuerpo.

Las variaciones en la presión atmosférica pueden provocar ciertos cambios fisiológicos, sobre todo en personas sensibles a las variaciones del clima o que padecen enfermedades respiratorias y cardiovasculares. De hecho, hay una condición conocida como mal de montaña o mal de altura, que se presenta cuando las personas ascienden o caminan a una altitud determinada, por lo general, superior a los 1.500 o 3.000 metros.

Pero la presión atmosférica no solo causa esto, ya que también se le asocia al empeoramiento de la artritis, por los efectos de la presión sobre el líquido sinovial. En otros casos, se puede manifestar a través de dolores de cabeza, migraña y la inflamación de los senos paranasales.

En personas con problemas de circulación o hipertensión arterial, la presión atmosférica alta puede contribuir a un aumento de la presión sanguínea, ya que el cuerpo tiende a retener más líquidos y los vasos sanguíneos pueden reaccionar de forma más tensa.

Además, los cambios en la presión también pueden influir en el estado de ánimo y el nivel de energía. Aunque suele relacionarse más la baja presión con la fatiga o la somnolencia, algunas personas informan sentirse más irritables o tensas cuando la presión es alta, posiblemente debido al impacto en la oxigenación cerebral o al malestar físico general que genera la adaptación del organismo. 

Síntomas comunes asociados a la presión atmosférica alta

Cuando la presión atmosférica se eleva, muchas personas no perciben cambios notables, pero otras pueden experimentar una serie de síntomas físicos y emocionales debido a la adaptación del cuerpo al entorno.

El artículo que se citó en el apartado anterior señala que es posible que, junto al mal de altura por la presión atmosférica alta, se presenten los siguientes síntomas:

  • Dolor de cabeza.
  • Náuseas.
  • Sensación de incomodidad y malestar.
  • Dificultad para respirar.
  • Cansancio o fatiga.
  • Mareo.

Además, cuando estos síntomas no se tratan, se puede complicar la situación. En algunos casos, los síntomas pueden progresar a disnea grave, tos, vómitos, confusión e incluso pérdida del conocimiento.

En un intento por obtener más oxígeno, los tejidos pulmonares y del cerebro se inflaman, y es esto lo que causa una gran parte de los síntomas. La dilatación de los vasos sanguíneos también puede afectar a las personas, y causar dolor de cabeza e inflamación cerebral.

Otro síntoma común es el malestar en los oídos. La presión alta puede provocar que el aire atrapado en el oído medio no se equilibre correctamente con la presión externa, generando una sensación de taponamiento o incluso dolor.

Esto se acentúa cuando hay cambios bruscos de altitud, como al viajar en avión, conducir por zonas montañosas o practicar buceo. Asimismo, en personas con problemas respiratorios, como asma o alergias, el aire más seco y denso puede agravar la irritación de las vías respiratorias y dificultar la respiración.

Para complementar y conocer otras condiciones que pueden generar síntomas parecidos, se recomienda leer uno de nuestros artículos, en el que explicamos qué es la astenia primaveral

Persona mareada por presión atmosférica alta

Factores que influyen en la sensibilidad a la presión atmosférica

La presión atmosférica afecta a todas las personas, pero hay quienes son más sensibles a ella. Algunas afecciones dolorosas como la artritis y la migraña, por ejemplo, hacen que las personas tengan mayor sensibilidad a los cambios de clima o de altura.

Pero estos no son los únicos factores, ya que también intervienen aspectos relacionados con la edad, el estado físico general y la capacidad de adaptación del organismo.

Las personas mayores suelen ser más vulnerables a las variaciones barométricas porque sus sistemas circulatorio y respiratorio no responden con la misma eficiencia que los de una persona joven. De igual manera, quienes padecen enfermedades cardiovasculares, respiratorias o metabólicas pueden notar cambios más marcados en su bienestar cuando se modifican las condiciones atmosféricas, ya que su cuerpo necesita hacer un mayor esfuerzo para mantener la homeostasis.

El nivel de hidratación y la condición física también influyen. Un organismo deshidratado es menos eficiente regulando la presión arterial y la temperatura corporal, lo que puede acentuar los síntomas asociados a los cambios de presión, como mareos o fatiga.

Asimismo, el estrés, la falta de sueño y la tensión muscular predisponen a una mayor reactividad del sistema nervioso ante las variaciones del entorno, haciendo que la persona perciba más intensamente los efectos de la presión alta o baja.

También influyen los hábitos de vida: una alimentación equilibrada, el ejercicio regular y la práctica de técnicas de relajación pueden fortalecer el sistema cardiovascular y respiratorio, reduciendo la sensibilidad general frente a la presión atmosférica.

Para complementar, se recomienda leer nuestros artículos sobre la importancia de la hidratación y sobre hábitos saludables. Mantenerse hidratado, alimentarse bien, hacer ejercicio y descansar lo suficiente puede hacer la diferencia y ayudar a controlar mejor los síntomas asociados a la presión atmosférica alta. 

Efectos de la presión atmosférica alta en personas con condiciones particulares

La presión atmosférica alta puede tener distintos efectos en el organismo, y aunque la mayoría de las personas no los perciben de forma intensa, quienes padecen ciertas condiciones médicas pueden experimentar síntomas más notorios.

En general, durante los periodos de alta presión, el aire es más denso y seco, lo que puede influir en la circulación, la respiración y el equilibrio de fluidos corporales. Esto, como ya se mencionó al hablar de los síntomas, puede manifestarse como dolores de cabeza, sensación de fatiga o incluso cambios en la presión arterial.

En el caso de las personas con enfermedades respiratorias, como el asma o la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), la presión alta puede hacer que el aire contenga menos humedad, lo que reseca las vías respiratorias y dificulta la respiración. En algunos casos, también se perciben molestias en el pecho o una sensación de falta de aire, especialmente si las temperaturas son muy altas o si se combina con una baja calidad del aire.

Por otro lado, las personas que padecen problemas cardiovasculares, como hipertensión o insuficiencia cardíaca, pueden verse afectadas por los cambios que la presión atmosférica ejerce sobre el flujo sanguíneo y la densidad del aire. Una presión más elevada puede aumentar ligeramente la carga sobre el sistema circulatorio, provocando alteraciones en la presión arterial o malestar general.

Asimismo, quienes sufren de migrañas o dolores articulares también pueden notar cambios. Algunas investigaciones sugieren que las variaciones en la presión atmosférica, tanto altas como bajas, influyen en la dilatación de los vasos sanguíneos y en la presión dentro de los senos paranasales, desencadenando cefaleas o malestar físico.

Las personas con artritis, por ejemplo, pueden notar rigidez o mayor dolor en las articulaciones, posiblemente debido a la influencia que la presión ejerce sobre los tejidos y los líquidos del cuerpo. Esto es algo que ha sido comprobado por un gran número de estudios, incluidos algunos que se han realizado recientemente, según resalta Harvard Medical School.

De manera complementaria, se recomienda leer nuestro artículo sobre los beneficios de la siesta. En él se explica por qué tomar una pequeña siesta de 30 minutos al día puede contribuir a tener una mejor salud. 

¿Cómo mitigar los síntomas de la presión atmosférica alta?

Para aliviar los síntomas que produce la presión atmosférica alta, es recomendable mantenerse bien hidratado, ya que el aire seco puede favorecer la deshidratación y alterar el equilibrio de líquidos en el organismo.

También resulta útil evitar la exposición prolongada al calor, especialmente durante los días en los que la alta presión viene acompañada de temperaturas elevadas, ya que esto puede agravar los efectos sobre la circulación y el sistema cardiovascular.

Baylor Scott & White Health, por ejemplo, recomienda permanecer en interiores durante condiciones climáticas extremas, sobre todo para controlar los dolores de cabeza que se pueden presentar debido a la presión atmosférica alta.

En personas con hipertensión, una de las principales medidas para mitigar el impacto de la presión atmosférica alta es controlar y bajar la presión arterial. Esto puede lograrse a través de pequeños ajustes en la alimentación y el estilo de vida, como reducir la ingesta de sodio, evitar comidas ultraprocesadas y priorizar frutas, verduras, legumbres y cereales integrales.

El estrés es otro factor que puede amplificar los efectos de la presión atmosférica alta. Las situaciones de tensión o ansiedad aumentan la liberación de cortisol y adrenalina, hormonas que elevan temporalmente la presión arterial y el ritmo cardíaco. Para contrarrestar esto, es importante incorporar técnicas de relajación en la rutina diaria, como la respiración profunda, la meditación o incluso breves pausas para desconectarse del trabajo.

Para finalizar, recomienda leer nuestro artículo sobre estrés y diabetes. En él se explica porque es un factor de riesgo para la diabetes tipo 2, y se brindan algunas recomendaciones para aprender a gestionarlo. 

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